Canta Lucybell:
“A estas horas de la locura, que no me vengan con paraisos…”
Tarde de domingo surrealista
40 grados o cerca. Madrid el día domingo es un lugar extraño. Un macondo cosmopolita. Salí a buscar comida. A eso de las 13:00. Antes habia sostenido una conversación de esas de ahora. Vía Gmail. Producto de la mala noche, más que conversación fueron dos monólogos.
Buscando comida caí en cuenta que no tenia un duro en los bolsillo. Por allá a lo lejos un banco. Saqué lo que quedaba.
- ¿Tienes bocadillos de tortilla de patatas?
- No
- Vale, hasta luego.
Sin tortilla de patatas seguí caminando. Seis meses en Madrid y no logró aún descifrar el triangulo Tribunal-Alonso Martínez- Bilbao. Como me había dado cuenta que no llevaba pasaporte ni abono de transportes, emprendí regreso a casa con pura intuición. Al final como no habían ganas de buscar y sí mucha hambre, compré el tradicional dönner en calle Fuencarral. Vuelta a casa a comer el döner. Me puse una caña al seco. Antes del dönner, si no es muerte segura. El Gmail seguía en silencio prueba del no-diálogo.
Ahora con abono en bolsillo, fui en busca del reencuentro con Goya. Al museo, no a la línea 5.
Bajé en Atocha, en el camino escuche “huevá”, prueba de un chileno andante. No presté atención. Una schweppes de limón, helada, a un euro intentaba refrescame. El Madrid turista emergió como una postal de visitas anteriores. El Madrid familiar de los árboles que se queria cargar Gallardón. Caminata bordeando los stands de libros, vacios. Gente de colores tirada en la playa de hierba.
Puerta de Murillo. No quería y no sé si podía entrar. Sigo caminando bordeando la mole. Ah!, la civilización en la puerta. Fila larga para Picasso, fila corta para la exposición permanente. La de Goya. Voy por la fila corta.
No habían metales en mi. Paso.
La primera sala, expone temporalmente el trazo oculto. Aquello que la pintura nos cubre de la vista. La primera representación de la realidad. Un esbozo de ella. Ahí donde la técnica nos permite mirar. Debajo el agua. Debajo del óleo. La intención oculta. La autocensura. El guiño al futuro.
Sigo.
En busca de Goya. Entre medio, el gran Tintoretto. El gran Rafael Sanzio. Flashbacks. Paganini suena en el pasado. Florencia me recuerda caminatas con más frío. Paris, Londres, Dresden. El código del Da Vinci este se cuela entre las conversaciones semieruditas de los patriarcas observantes y de los niños escuchantes.
Las pinturas negras!.¿Dónde están?. Sigo camino, Zurbarán me pide que le mire. También Lorena y sus cuadros clásicos.
Ahora me encuentro el el país de las maravillas. Extraño portal dimensional. De un lado Velázquez y las Meninas. Del otro lado del portal los visitantes a Picasso.
Las Meninas. Un portal en sí mismo. Se gana las miradas de los presentes. Por ahí veo al barbero del rey. La primera vez que lo ví , era un enorme lienzo en un edificio en reformas. Goya y los retratos. Goya y Velázquez. Como Dalí, Miró y Picasso en el del frente. Pues vale. ya me salgo. Quiero ir a la otra dimensión.
Hago la fila. De nuevo no tengo metal en mi cuerpo.Y paso.
Picasso y la historia. Picasso el gran parodista. Picasso el de los mashups. Picasso no aguantaría el canón. Quizás sí. Pero hoy no.
De este lado del portal, Picasso y Velázquez. Desde aquí se ven ambos. Versionados. Velázquez se rie de Picasso y Picasso se rie de Velázquez. Y ambos se rien de nosotros. Y de las Meninas. Y de doña Margarita. Aquí permanezco largos minutos. Deformando realidades.
Me topé con la muy majisima desnuda. En la otra dimensión estaba vestida. Veo que guardan los desnudos para los portales con fila larga.
Salgo del pasillo de la parodia.
- ¿como llego a la segunda planta?
- Al fondo a la izquierda
Se equivocaba. Era “a la izquierda y al fondo”. Gran equivocación. Me llevó directo a Goya. Y su oscuridad. Un par de salas de exquisita oscuridad. Un par de salas maestras. Para este día, es volver a la gloria.
Me canso del satánico cabrón y me voy de allí. Sin más batería en cámara. Me largo del Prado. A caminar a los jardines. Encima botánico (¿¿¿¿¿¿!!!!!). Ya sabe usted que en Madrid se sale afuera y se sube arriba.
Camino y me encuentro con tres seres. El primero se hacia llamar máquina de agua. Se vendió por medio euro y al tercer intento. No todos pueden decir lo mismo. Los dos segundos eran unos pájaros azules. Me dijeron que ese día en Madrid no había nadie. Solo habían cuadros y plantas. Que las parejas que habían tras de mi eran del paisaje. Y les creí. Y cuando les creí se fueron los cabrones. Además de cabrones por irse, cabrones por irse cantando.
Una siesta de medio minuto rodeado de árboles que no tenían por que estar acá.Tan inmigrantes como yo, pero a ellos les quedaban años de visa. Siempre que Gallardón no diga otra cosa. Me voy de aquí.
Camino y es raro porque mi flojera no me insta a caminar seguido. Menos solo y con 40 grados. Pero había que completar el triángulo. Por la mañana Bilbao y por la tarde Neptuno y Cibeles. Mmmm.
Por la Castellana unos pasos, por el Banco España otros tantos. Este camino lo había hecho muchas veces. Con muchas compañias. Incluso la primerísima compañia. Cargados con una botella de Coca-Cola y una incertidumbre a mil.
Llego a la calle del Barquillo. Esa me recuerda cuando era más pequeño y compraba barquillos en la uno sur. Y mi padre insistia en “ayudarme” a terminar. Recorde que mirando el callejero esa era una buena ruta para regresar a casa. Caminando por Madrid ausente se acabó la ausencia de improviso en Chueca. Por donde paso mi amiga Rosa hace poco. Yo fui por fruta, pero al de al lado. No recuerdo el nombre pero era algo con “Juice”. Metafórica palabra. Los jugos tenian nombres ad-hoc. Todos con un “vita-algo”. Vita-relax, Vita-energía, Vita-proteína. Manzana, fresa, mango, plátano. jengibre, zanahoria, pimiento (!), entre otros frutos terrestres combinaban con los nombres exóticos. Pedí el “afrodito” sin manzana. Mango, fresa y no se que más. Y “Vita-energía”. Muy bueno, lo preparan de cara al cliente mostrando la fruta.
Me voy de allí de vuelta a casa. Un dolor de cabeza fulminante me recibe tan solo terminar la caña que me tome al llegar. Y de ahí poco recuerdo. Me reencontré con el Gmail que seguía callado.Y solo habló cuando ya no estuve ahí. Hoy terminó de callarse.
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