Vengo llegando de nuestra poluta Capital.
Me fui el Miércoles en la noche para ir ésta mañana al ya habitual Consulado Español, prevenido de que la oficina de Visas atiende entre 9 y 11 a.m. Para mi total decepción, comprobé que el trámite de legalización de documentos que fui a hacer, se hacía en la oficina que atendía hasta las 13:00 y podría haber viajado tranquilamente en la misma mañana.
Así, siendo las 9:30 estaba con largas horas por delante antes de la presentación de la campaña de Un computador por niño ( OLPC) que comenzaba a las 15:00 hrs.
Me pasé dos horas soportando a IE en un ciber de Providencia. En eso me enteré de que esté blog se ve absolutamente mal en IE y nadie había tenido el detalle de revelarmelo. Estoy pensando la solución, entre arreglarlo efectivamente, poner una leyenda tipo “Too cool for IE” o programarlo para que obligue a descargar Firefox (Al estilo de Windows media) si alguien osa leer ésta bitácora.
Luego, al más puro estilo jubilado, me dediqué a congelarme en un banco leyendo el diario, fumando e intentando adivinar donde iba toda esa gente. Ya en buena hora, fui a comer al único restaurante de comida rápida semichatarra que pone aceite de oliva para la ensalada César y luego con mucho tiempo aún, caminé por Providencia ganando estaciones de metro en forma inútil, porque de todos modos no pensaba llegar caminando hasta la Facultad de Ingeniería de la U. de Chile.
Una vez allí y con 20 minutos de adelanto, estuve deambulando y pensando que en realidad no tenía idea de donde era exactamente el evento. Luego de preguntar infructuosamente en el edificio equivocado, me encontre a Jorge y Alberto cuando venían llegando y me salvaron de convertirme en naufrágo en el edificio que no era.
Como en toda presentación, Murphy atacó. No llegó Soledad Onetto (quién probablemente explicaba el 60% de la concurrencia), uno de los relatores fue amablemente atrasado por un parte policial y Windows mostró el potencial que tiene para fallar en situaciones públicas. Pero eso fue la anécdota, en lo esencial estuvo bien.
Salí con una buena sensación. Antes de lo de hoy, intuía que está campaña iba por el buen camino, pero no habia tenido oportunidad de discutirla con nadie ni de confrontar los peros. Creo que al final, el mejor argumento y lo que la hace imperativa es que es un asunto de equidad. Es una pérdida y un error de visión dejar fuera a una enorme cantidad de niños de la posibilidad de acceder a la sociedad de la información. Y por asunto meramente probabilístico algo bueno debe salir de un millón (o 10, 100 o 1000) niños comunicándose, entrometiéndose, mezclando, en definitiva, jugando con un computador portátil. Supongo que muchos de los que lean esto han tenido beneficios más o menos grandes por el hecho de “pertenecer”. Para mi ha sido un asunto vital y a estas alturas absolutamente rentable en términos personales, económicos y formativos y comencé cuando terminaba el colegio.
Los reparos existen, pero eso es lo que lo hace interesante. Encima, nos veriamos obligados a ser creativos. Todos. Profesores, padres, informáticos y sobre todo los niños.
Y terminé tomando un corto, pero conspirativo café con Ricardo y Carla antes de volver al atochamiento del metro y los cortos centímetros que el bus a Talca otorgó a mis piernas.
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