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Ciudadanos deliberantes, políticos ejecutantes.
27|10|2006 a las 4:18 am - Posteado en: ePolitica,proyecto de titulo,sociedad — Daniel Vásquez

Img0274En la democracia imperfecta que poseemos, cada cierto tiempo tenemos la posibilidad de demostrar nuestro parecer con el voto. Ante ello, los partidos compiten y buscan por todos los medios convencernos que votarlos es lo mejor o al menos que votar a los otros seria muy malo. En este modelo, los partidos elaboran ciertas líneas prográmaticas y ciertos principios , generalmente no muy desarrollados, para captar la mayor cantidad de adherentes. Más o menos:impuestos, liberalismo valórico, salvajismo económico, regulaciones, etc.

El flujo de estas ideas parte desde varias fuentes, normalmente de arriba hacia abajo. Esto es: De los grupos económicos, de los dirigentes cupulares o de la ideología internacional a la masa despolitizada. El representante político decide que liderar y ejecutar o bien es instrumento de las estructuras de poder que le financian o le cobijan bajo una sombra partidista.

La red permite hoy publicar, conversar y deliberar de forma pública y permanente. Sin edición o posterior “bajada del aire”. La capacidad de presión y exigencia de los ciudadanos crece y el espacio público donde HOY se toman las decisiones comienza a captar que no es ya tan fácil mirar hacia el lado.
Desde la perspectiva de la clase dirigente, el debate, si lo hay, se da en la prensa en una multitud de monólogos que no admiten posibilidad de cambiar estos principios. Lo que algunos llaman acuerdos o consenso, bajo el modelo agregativo de democracia es más bién un “pasando y pasando” o lo que es peor un “hoy por ti, mañana por mi”.

Pero, la deliberación democrática entendida como un proceso transformativo de argumentación, descubrimiento, aprendizaje, información y finalmente de aceptación, rechazo o consenso requiere de un nivel de conversación en un sentido bottom-up y de un modo esencialmente distribuido. Una participación que posibilite consensos en los cuales las posiciones iniciales puedan alterarse en función de una representación adecuada de intereses de los participantes y el bien común (Con un concepto de bién común generado desde la base).
Ante unos ciudadanos que opinan, escriben, argumentan y deliberan y que están en una situación informada, cercana e interesada con su entorno , el rol del representante político ya no es filtrar o pensar por “el bien” de los ciudadanos, sino escuchar, captar, encauzar y asumir compromisos de ejercer su poder delegado según los resultados de las conversaciones de sus representados

Finalmente, es tarea también de los ciudadanos ser capaces de articular conversaciones más allá del sectarismo y cruzar y tender puentes que permitan consensos que superen la transacción o el empate moral.

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