
Nos fuimos de copas por Talca. En nuestra aspiracional diagonal, montaron la Fiesta del Vino del Valle del Maule. Un apasionante desfile de parroquianos con cara de circunstancia, mientras los aromas de madera, tabaco y berries se introducían arteramente en sus narices.
El estilo de los stands era del tipo “matrimonio”, rollo carpitas de tela blanca y arreglos florales clásicos, entre botellas, aceites y artesanos del cuero, madera y crin. El escenario, lejos lo peor pensado de la fiesta. Arrinconado en el borde de la plaza, no quedaba claro si la idea era que pareciera lleno, dado que no cabía más que un puñado de gente antes de caerse a la calle que NO habian cortado. Lo segundo peor pensado fue el anuncio de un paseo en el tren del ramal que nadie fue capaz de decirme cuando ni como fue. Fuera de las agrias consideraciones, el vino en sí mismo fue una buena cosa.
Fuimos armados con nuestra copa y nueve tickets para degustar. Más que suficiente dado que a las 23:00 hrs ya empezaban a cerrar o a poner cara de “ya nos queda poco”, aun cuando el programa indicaba que la fiesta acababa, cenicientamente, a las doce. Así, mientras en el escenario Lalo Vilches declamaba lo más manido de nuestro folclor, nos fuimos puesto por puesto probando carmeneres, syrahs, chardonays y merlots. Cabernets no, porque “ya se acabó”. Dos cajetillas del potente Lucky uruguayo que viene sin dientes amarillos ni Don Miguel para decirnos lo malo que es fumar. Nos enteramos tardíamente quién diablos fue Santiago Bueras, vimos como algunos querían avivarse rellenando su copa sin dar su ticket a cambio, amables peleas de gente que el par de copas de alcurnia ya les había subido a la cabeza, amigos y conocidos saludando con cara de “como nos cambia la vida” y los perros habituales que se preguntaban donde quedó la habitual parsimonia fomedad de una ciudad poco dada a la parafernalia.
Al final, nos quedamos con un ticket en la mano, pero con la copa al tope gracias al postrero descorche que los amigos del stand de Oveja Negra hicieron, en justa y divina compensación por un vino con borra que compramos a esa viña alguna vez que celebramos en el sur.
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