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Horatio
25|09|2008 a las 3:06 pm - Posteado en: Curioso — Daniel Vásquez

Todo el mundo necesita un héroe. Los antiguos respetaban tipos macabeos como Sansón o vigoréxicos como Hércules. En los tiempos modernos, la mirada al horizonte de John Wayne o el primer metrosexual de la historia Johnny Weissmüller gritando desaforadamente como tarzán.

En los ’70 y ’80 los referentes eran violencia pura como Bruce Lee o el todopoderoso Chuck.

Pero el verdadero precursor del héroe moderno fue el tipo aquel que con un alambre y un chicle armaba bombas que explotaban un segundo antes de su escapada triunfal. El gran McGiver fue el primero, pero el punto cúlmine de toda esta historia no es otro que Horatio Caine, el detective forense que lídera CSI:Miami.

Horatio Caine es el prototipo del héroe moderno. Es un absoluto outsider. Estatura media, colorín -esto lo hace un verdadero outsider- ama a la mujer de su hermano muerto-policía-corrupto-drogadicto, es gentil con los débiles y cabrón con los bribones, dueño de un estilo que supera largamente al mariposero y turbio Gil Grissom. Nunca liga sin antes consolar a alguna víctima o pelearse con un oscuro abogado o agente del servicio secreto.

En cada capítulo, antes de la cortina musical siempre tiene la frase precisa para que nos enteremos que él ya sabe todo lo que ocurrió. Solo debe demostrarlo. Para ello cuenta con el inefable y siempre indignado Delko y la certera Calleigh.  Para ello, tomarán muestras con un palillo de algodón removiendo por dentro las mejillas del sospechoso, pillarán droga en la maleta del auto, compararán las estrías de la bala incrustada en algún lugar de un estacionamiento subterráneo, desmembrarán en la mesa de la tétrica forense un cadáver violeta, pillarán sangre bajo los pliegues de la ropa del acusado-”Sr, debo llevarme su ropa”- y lo mejor de todo: La huella siempre se encuentra en esos sofisticados y 3.0 sistemas informáticos con  “LOADING”,”SEARCHING” y “MATCH” animados y en bonitos tonos verde-computín y las imágenes siempre son ampliables y refinables al infinito.

Claro, todo lo anterior sería inverosímil y francamente inútil sin la sagacidad de Horatio. Y ahí es cuando todo cobra sentido.

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